Los municipios de Abasolo, Candela, Castaños, Escobedo, Frontera, Lamadrid, Monclova, Nadadores y San Buenaventura integran lo que se conoce como región centro de Coahuila, y que en realidad constituye lo que con otro criterio se conoce como tierras bajas del centro este del estado, si añadimos los municipios de Juárez y Progreso.
La concepción de un vasto centro en el que se integran la zona de los bolsones –de Cuatrociénegas a Sierra Mojada si prolongamos la mirada hacia el oeste–, las tierras altas –contiguas a la sierra de Santa Rosa: Múzquiz y Sabinas– y las tierras bajas, posee fundamento en una verdad histórica que atestigua la transición de un territorio en donde predominaba la actividad agropecuaria hacia una región eminentemente minera, que durante el Porfiriato cambió, para decirlo con el poeta, la órbita de su destino. Monclova gozaba el doble privilegio del carbón y del metal en su producción minera. Monclova y Candela son puntales de la productividad metalífera de plomo, zinc, cobre y hierro. Nadadores y Sacramento, aunque carecen de recursos mineros, forman con Monclova –según José Luis García Valero– “un conjunto bastante homogéneo”.
Las tierras bajas del centro este siempre se han caracterizado por su prodigalidad, por contar con excelentes recursos naturales.
La cocina y la actividad industrial son símbolos de la transición experimentada en las tierras bajas del centro oriente de Coahuila: de la agricultura y la ganadería –sin olvidar del todo este camino– hacia el auge comercial y metalífero.
Por otra parte, Cuatrociénegas, Ocampo y Sierra Mojada, los tres municipios que conforman la región desértica, zona de los bolsones o centro oeste, ocupan poco menos de la tercera parte del área estatal y, sin embargo, su importancia es reducida. Considerada “tierra de nadie”, la parcela del desierto tuvo, a fines del siglo XIX, una fugaz bonanza apuntalada por la fertilidad de los terrenos irrigados por el río San Marcos en el municipio de Cuatrociénegas, por grandes predios ganaderos en la villa de Ocampo y, también, por el efímero resplandor de la plata en la Sierra Mojada, hecho éste que desencadenó una polémica limítrofe entre los estados de Coahuila y Durango.
La ventura productiva del municipio de Cuatrociénegas dependía, a principios del siglo XX, de las haciendas de regadío y de la ganadería extensiva que requiere grandes superficies de pasto para pocas reses. En la villa de Ocampo, paramera de desolaciones, el guayule alcanzó un punto cimero al ser exportado a Alemania. Y, en fin, en Sierra Mojada el falso aviso respecto de la abundancia de plata fue correspondido con la desesperación, hija del desencanto.
La franja oeste del centro de Coahuila perdería, con el tiempo, su importancia productiva y tornaría al antiguo silencio erizado por cactos, mezquites y huizaches. Sin embargo, como aislada pero contundente respuesta a la desolación del desierto, el balneario La Poza de la Becerra, en el municipio de Cuatrociénegas, abate la fatiga del viajero.