Desde los lejanos tiempos en que los guerreros indios se disputaban la posesión de un territorio, hasta quienes hoy se esfuerzan en conquistar un futuro mejor, las tierras guanajuatenses han sido testigos de episodios clave para la historia patria.
Porque marcó el nacimiento de México como país soberano, la gesta más significativa ocurrida en Guanajuato fue la que iniciaron sus habitantes en 1810. En todas nuestras ciudades se honra la memoria de don Miguel Hidalgo, pero en estas tierras hasta el pueblo más pequeño tiene monumentos a la memoria de los héroes que participaron en la guerra insurgente. Desde sencillos bustos o en grandiosas estatuas, los próceres todavía parecen arengar a las multitudes, cabalgando en sus caballos de bronce e inflamando las ansias de progreso y libertad.
Resulta difícil precisar otro momento más trascendente que el anterior, aunque en la historia local del estado hay muchos episodios significativos para su evolución en particular, como el descubrimiento de los ricos yacimientos de plata, o quizá la llegada de las órdenes religiosas, o aún la gran batalla de Celaya entre los ejércitos revolucionarios y los federales.
Es cierto que ninguno de esos hechos habría ocurrido sin el que lo antecedió, pero todos, unidos con la cruz, el pico y el azadón, las letras y la creatividad de la gente que ha nacido, vivido y trabajado en esta tierra, han configurado uno de los rostros más entrañables del pueblo mexicano que, en Guanajuato, tiene sin duda uno de sus mejores patrimonios.