Montañosas casi en su totalidad, las tierras guerrerenses se alisan un poco por arriba de la Sierra Madre del Sur y un tanto más en la costa, las costas, para decirlo con precisión, porque la tradición decidió que de Acapulco hacia el poniente fuera la Grande y hacia el oriente la Chica. Ambas, interrumpidas de vez en vez por las montañas que llegan hasta el mar en acantilados, fueron una magnífica dádiva de la naturaleza al estado de Guerrero.
La marca humana en los territorios surianos no se ha interrumpido desde tiempos inmemoriales: los petroglifos de Juxtlahuaca, en plena montaña, y los de Palma Grande, casi a la orilla del mar, son los más antiguos testimonios descubiertos hasta hoy. A éstos, les siguen en el tiempo los sorprendentes vestigios olmecas de Teopantecuanitlán y las zonas arqueológicas de La Organera Xochipala, Cuetlajuchitlán e Ixcateopan.
Del virreinato, Guerrero posee quizá la más deslumbrante joya barroca de México, pues es difícil disputarle su primerísimo lugar a un edificio levantado gracias a la riqueza minera: la parroquia de Taxco. De la misma etapa quedan infinidad de edificios religiosos y civiles, y un recuerdo imperecedero del comercio con el Oriente a bordo de la Nao de la China. El fin de la lucha por la independencia de México se pactó en nuestras tierras, y aquí se dieron los primeros pasos para que la nueva nación tuviera una constitución política. En los siguientes movimientos sociales que darían al país las características que hoy tiene, Guerrero ha participado con fuerza y decisión, pues su gente no ha cesado de luchar hasta hoy por sus derechos.
Para cada gusto, para cada interés o preferencia de los visitantes, nuestros paisajes ofrecen los osados perfiles de la Sierra Madre del Sur, donde viven las comunidades indígenas con sus antiguas costumbres, entre las montañas de altas paredes cortadas a pico y las profundas cañadas que encauzan las aguas del Balsas. Cavernas y ríos subterráneos o soleadas costas bañadas por el mar, o pocas y pequeñas planicies con entrañables ciudades como Taxco, Chilpancingo, Iguala y Tixtla. Vayamos pues al encuentro del inigualable territorio guerrerense, la indomable cara suriana del multifacético prisma mexicano.