El paisaje forma parte esencial de la identidad de un pueblo. El estado de Oaxaca, con una orografía compleja y diversa en flora y fauna, posee también una belleza de contrastes climáticos que van de las cumbres del Zempoaltépetl a la costa, pasando por selvas, valles, cañadas, ríos, cascadas, llanos floridos y puertos de montaña. Este territorio que hoy conocemos como Oaxaca ha permitido que exista una riqueza cultural que nos asombra y que compartimos con el resto de México y el mundo.
El desarrollo de nuestra civilización data de hace más de mil quinientos años y está presente en manifestaciones de arte prehispánico como las de Monte Albán, Yagul, Guie Ngoola; en monumentos coloniales como Santo Domingo, Yanhuitlán y Tlacochahuaya, donde se puede apreciar a simple vista el talento y galanura de nuestros artistas y artesanos.
Somos una gama de distintas culturas, lenguas e historias. Los oaxaqueños nos caracterizamos por ser hospitalarios y compartir en las fiestas tradicionales, donde el castillo de luces, las calendas, los buñuelos, las ferias y procesiones son agasajo para los sentidos, estimulan las emociones y nos impregnan de la alegría de vivir.
Parte importante de la convivencia es la comida; poseemos una de las gastronomías más ricas y coloridas del país, donde se combinan frutas tropicales y de montaña con alimentos de la tierra y el mar. Aunada al buen comer está la calidad en el trato de los habitantes de Oaxaca; todo esto es un aliciente para el recién llegado que encuentra acogedores nuestras ciudades y pueblos.
Nos hemos dado a la tarea de elaborar este libro porque queremos compartir con amigos y visitantes algunas de las vivencias que pueblan nuestros caminos y sueños.