El territorio morelense ha estado habitado quizá desde hace 3500 años, aunque los hallazgos arqueológicos más relevantes -olmecas, teotihuacanos y toltecas- son de fechas menos lejanas. Cuando arribaron los españoles, la zona estaba dividida en dos señoríos tributarios de los mexicas: el de Huaxtepec y el de Cuauhnáhuac; ambos cayeron en poder de Hernán Cortés cuatro meses antes que la Gran Tenochtitlán, en abril de 1521.
Por su cercanía con la capital, el estado de Morelos ha vivido con intensidad todas las vicisitudes del país. Esta característica le dio un papel protagónico en los momentos cumbre del acontecer histórico nacional. Para constatarlo basta la imagen de José María Morelos encabezando al ejército insurgente o la de Emiliano Zapata al frente de los revolucionarios del Sur.
En medio de la belleza de su paisaje natural -rico en serranías, bosques, manantiales y un clima que ignora el invierno- sus habitantes han sabido conservar antiguas costumbres, lenguas y tradiciones. La atmósfera que se respira en Morelos ha fascinado a grandes personajes de todas las épocas y, en justa correspondencia, ellos han sabido enriquecer y difundir el patrimonio morelense.
Mientras Xochicalco significa, indudablemente, su mayor herencia prehispánica, nos resulta difícil elegir entre las muchas edificaciones coloniales: el Palacio de Cortés, los conventos de Tepoztlán, Yecapixtla, Tlaquiltenango y Tlayacapan, o las antiguas haciendas de Atlacomulco y San José de Vista Hermosa. No se puede decir menos del desarrollo agrícola e industrial iniciado en el siglo XIX con los ingenios azucareros, y afianzado durante las últimas décadas en todos los renglones de la economía, con especial acento en el turismo.
Atraídos por la fama de su encanto, los visitantes llegan de todo México y del extranjero para un fin de semana, para las vacaciones anuales, o incluso para fincar aquí una residencia más o menos permanente. Además de las elegantes mansiones veraniegas, los servicios de todo tipo se han desarrollado con profusión, desde los hoteles de gran turismo, hasta los concurridos balnearios de carácter popular como Las Estacas y Oaxtepec, entre muchísimos otros.
Visitemos, pues, el incomparable y hospitalario estado de Morelos.